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Estampas yucatecas de nuestra herencia esclavista (primera de varias partes)



Estampas yucatecas de nuestra herencia esclavista (primera de varias partes)


Por: Juan Carlos Faller Menéndez


“Una de las primeras escenas que presenciamos en una finca henequenera fue la de un esclavo a quien azotaban: una paliza formal ante todos los peones reunidos después de pasar lista en la mañana temprano. El esclavo fue sujetado a las espaldas de un enorme chino y se le dieron quince azotes en la espalda desnuda con una reata gruesa y húmeda, con tanta fuerza que la sangre corría por la piel de la víctima [...] A las mujeres se les obliga a arrodillarse para azotarlas [...]”, narra John K. Turner en el capítulo 1 de su “México bárbaro”.


Y sigue: “Al calcular la compra de una hacienda, siempre se tiene en cuenta el pago en efectivo por los esclavos, exactamente lo mismo que por la tierra, la maquinaria y el ganado. El precio corriente de cada hombre era de 400 pesos (...)”, dice el periodista –disfrazado de inversionista extranjero– sobre su visita a Yucatán en 1908.


Todo el sistema federal y estatal de poderes era esclavista en ese tiempo, en el que la Iglesia Católica jugaba un papel esencial –de control de masas y lavado de conciencias– cobrando moches (diezmos) según los kilos de henequén que producía cada hacienda. Dentro de ese enjuague religioso estaban –de manera destacada, por actual– los Hermanos Maristas, que con la venia de los hacendados esclavistas llegaron a Yucatán en 1899 y han seguido desde entonces al servicio de los privilegiados.


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El gobernador Mauricio Vila Dosal es –como otrxs de su gabinete– un egresado de la Universidad Marista de Mérida y es un buen ejemplo del ambiente y el tipo de educación que allí se imparte. Para Vila, el pasado henequenero de Yucatán no es penoso ni execrable, sino glorioso y romántico. Por ello es que presume en estos días (en un alarde publicitario pagado con dinero público) que su gobierno está construyendo en Mérida un gran parque recreativo (casi 49 hectáreas de superficie) al que tuvo a mal llamar “Parque Paseo Henequenes” en recuerdo triunfal de esa enorme fuente de esclavitud yucateca.


(Hace 26 años Luis Correa Mena, otro distinguido panista y ex alumno Marista, hizo algo similar: mandó construir el “Monumento a las Haciendas” –allá por Altabrisa– también en recuerdo triunfal del esclavismo yucateco.)


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El pasado sábado 10 de julio, en la contraportada del diario PorEsto! aparece una fotografía de Mauricio Vila con el director del INAH, Diego Prieto. Detrás de ellos, en gran formato, aparece la imagen de un plantío de henequén. Vila y Prieto posaron así después de hablar maravillas sobre el tren de AMLO. “Va a traer grandes beneficios a los yucatecos”, dijo el ex alumno Marista, parado frente al símbolo del esclavismo yucateco.


(La noticia principal de esa contraportada, sin embargo, era otra: casi el 80% de las camas con ventilador estaban ocupadas por enfermos de Covid-19 en las Unidades de Cuidados Intensivos del estado).


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La jerarquía católica en Yucatán (como en casi todo el mundo) ha estado siempre al servicio de las clases privilegiadas. Nunca ha variado. Obispos y arzobispos han ejercido el papel de comparsas de los poderosos, lavándoles su imagen y su conciencia. La muestra más reciente de ello fue en junio pasado, en Sisal, cuando la Arquidiócesis decidió quitarle la parroquia al padre Francisco Kantún Medina por sus exhortos a los sisaleños a defender sus playas contra la privatización.


El arzobispo de Yucatán, Sr. Gustavo Rodríguez Vega, no quiso ensuciarse las manos y envió al obispo auxiliar, Pedro Mena Díaz, a mentir sobre el caso y asegurar que el retiro del padre Kantún fue “por motivos de salud”, a lo que éste respondió: “Para mí es un castigo porque me dijeron que no podré predicar” (Diario de Yucatán, 22 de junio).


Unos días antes, el sábado 19 de junio, el PorEsto! publicaba la siguiente noticia: “En el marco de la visita del secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, el gobernador [Vila] extendió ayer una invitación al Papa Francisco para que venga al Estado y ‘sea testigo de la fe de los yucatecos’”.


La única visita de un Papa a Yucatán fue en agosto de 1993, cuando era gobernadora Dulce Sauri Riancho (tía y aliada política de Vila Dosal) y el presidente de México era su protector Carlos Salinas de Gortari. Eran también los días de Víctor Cervera Pacheco como titular de la Secretaría de la Reforma Agraria y del criminal Marcial Maciel (fundador y guía moral de los Legionarios de Cristo) como favorito de Juan Pablo II.


Hoy Juan Pablo II es santo, Dulce Sauri es presidenta de la Cámara de Diputados de México y el hijo de Víctor Cervera, Felipe, es diputado local y presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del H. Congreso del Estado.


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“Mucho antes de pisar las blancas arenas de Progreso ya sabía cómo eran comprados o engañados los investigadores visitantes; y si éstos no podían ser sobornados, se les invitaba a beber y a comer hasta hartarse, y una vez así halagados les llenaban la cabeza de falsedades y los conducían por una ruta previamente preparada. En suma, se les engañaba tan completamente que salían de Yucatán con la creencia, a medias, de que los esclavos no eran tales; que los 100 mil hambrientos, fatigados y degradados peones eran perfectamente felices [...]”, narra el periodista Turner lo que vio en 1908.


Décadas después el modus operandi de los herederos del esclavismo es el mismo, con pequeños ajustes. Dice una nota periodística del 2 de julio pasado que “Los vestigios de los antepasados mayas cobran vida a través del espectáculo audio-lumínico ‘Ecos de Uxmal’ (...) En compañía del secretario general de la Organización Mundial de Turismo (OMT), Zurab Pololikashvili, [el gobernador] Vila Dosal observó el video y las luces que se proyectaron en los distintos edificios de esta antigua ciudad maya, que relata la historia del esplendor de este importante asentamiento prehispánico”.


Luego sigue la nota: “Previo al inicio del recorrido, el director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto Hernández, en presencia [...] del director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR), Rogelio Jiménez Pons, le hizo entrega a Vila Dosal del ‘Programa Regional de Desarrollo de la Ruta Puuc Yucatán’, el cual incluye los estudios efectuados en esta zona para la realización del proyecto del Tren Maya”.


(Sobra decir que el tal Programa Regional de Desarrollo de la Ruta Puuc Yucatán, como tantos otros planes y proyectos regionales y federales que se están haciendo en tierras indígenas, no fue consultado de ninguna forma con las comunidades mayas, en abierta violación –otra y otra vez– a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.)


Poco antes de llegar a Uxmal aquel día, el secretario de la OMT ya estaba suficientemente paseado y adobado porque le fue muy fácil decir en el mismísimo Maní –epicentro del auto de fe más trágico que se recuerde en la región– que “el tren maya es un gran proyecto y estamos contentos de que Yucatán esté incluido en él”.


Haciéndole distinguida compañía al bien comido y mareado Zurab, además de Jiménez Pons (director del circo de AMLO) y del gobernador Vila (titular del teatrito del engaño estatal y orgulloso heredero del esclavismo yucateco), estaba otro notable embaucador: el titular de la Secretaría de Turismo (Sectur), Miguel Torruco Marqués, de quien vale la pena rescatar un fragmento de su destartalada y penosa lógica. Dice La Jornada Maya –en nota del sábado 3 de julio– que “Ante los amparos interpuestos por diversas comunidades y señalamientos de académicos que aseguran que el Tren [de AMLO] causaría afectaciones al medio ambiente, [Torruco] declaró que si dicha postura se replicara en todo el mundo, no habría trenes en Europa”.


Ajá. (J.C.F.M., Jo’, Yucatán, México, 13 de julio de 2021)



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