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Respuesta a escrito de José Luis Sierra

 

 

Periodista Fabrizio León Diez

Director de La Jornada Maya

 

 

 

 

Estimado Director,

 

El pasado martes leímos con amargura y algo de coraje el lamentable artículo del Sr. José Luis Sierra Villarreal que La Jornada Maya (LJM) tuvo a bien publicar, sobre un tema que ha costado mucho trabajo que se visualice en términos claros y sencillos pero significativos para los yucatecos en general.

 

La degradación y personalización de un tema como el de los derechos colectivos ante la privatización energética de tierras y espacios mayas, es una estrategia de ruptura social que la historia nos ha enseñado hacia dónde puede conducir -si se le permite seguir- en última instancia. Vivimos en la tierra del Charras (Efraín Calderón Lara, por hablar del mártir social yucateco más obvio y cercano en la memoria), cuya historia debe conocer el Sr. Sierra hoy afín a una porción conspicua de la clase política y empresarial yucateca vinculada (al parecer y según toda la evidencia declarativa) con capitales privados españoles y chinos.

 

Ante ello, el colectivo Asamblea de Defensores del Territorio Maya, Múuch’ Xíinbal declara que hizo, hace y hará nuestros los señalamientos centrales del Dr. Rodrigo Patiño en su artículo “Las trampas de la electricidad: lo local contra lo global” del lunes 20 de mayo pasado en LJM, y que deben quedar claros pues son los pilares del debate que creemos es el debido:

 

  1. Sería importante recordar tanto al sector privado como al público, que el juicio de amparo surgió como figura legal en el Yucatán del siglo XIX, para proteger derechos fundamentales de la población, como es ahora el caso de los indígenas de las comunidades afectadas por estos proyectos energéticos. No sólo los mayas representan más de la mitad de la población del estado, sino que sus derechos están plasmados en las constituciones políticas federal y estatal, así como en tratados internacionales que el Estado mexicano está obligado a respetar. Estos derechos incluyen el poder decidir su propio desarrollo presente y futuro, siempre bajo un modelo de transparencia y democracia. Las violaciones que se han hecho sistemáticamente a estos derechos son la verdadera amenaza a un desarrollo sostenible y justo, en especial si consideramos que son las poblaciones más desfavorecidas las que contribuyen menos al cambio climático global y las que presentan una mayor vulnerabilidad frente al mismo.

  2. La Reforma Energética de 2013 impulsó un modelo federal orientado a la privatización del sector energético, incluyendo al sector eléctrico y el uso de fuentes renovables, pero el uso masivo de parques eólicos y fotovoltaicos, privados y de gran escala, distorsiona la posibilidad de contribuir realmente a un desarrollo regional sostenible. En especial, si se considera que la Semarnat federal no ha cumplido con su obligación de hacer una evaluación ambiental estratégica en Yucatán, ni se ha estimado la capacidad de carga del territorio ni los efectos acumulativos y sinérgicos del conjunto de proyectos energéticos. Los proyectos de generación participativa siguen en espera de verse impulsados para asegurar una transición energética más justa.

 

Estos dos puntos sencillos de entender y valorar son los que consideramos que le debe quedar claro a les lectores de La Jornada Maya.

 

En cuanto a la personalización e intento de degradación del debate hacia un falso pleito entre figuras académicas, hay que recordar que el Sr. José Luis Sierra es un empleado federal con vínculos familiares cercanos a los más altos niveles empresariales y políticos de Yucatán; y que en su escrito publicado el pasado martes en LJM, el Sr. Sierra no abordó ninguno de los señalamientos centrales del Dr. Rodrigo Patiño (es decir, de Articulación Yucatán, es decir, de Múuch’ Xíinbal), y por lo tanto no aporta nada a lo que debe ser un debate constructivo y centrado en lo esencial.

 

En su escrito publicado el martes 28 por LJM, el Sr. Sierra intenta arrastrar el tema al campo frío del dinero, usando sofismas y mala aritmética, y muy poco respeto por la verdad.

 

El arraigo maya a la tierra no es posible reducirlo a pesos y centavos, como tampoco la dignidad ni el respeto a la identidad. La tierra para el pueblo maya no es sólo la madera, la leña, las piedras, el maíz, la carne… es decir, no es sólo lo convertible a dinero en el mundo de las finanzas, sino que es también y antes la base de su patrimonio inmaterial (como la salud, y ultimadamente el vínculo con el todo), el espacio vital para sostenerse y perdurar como hasta ahora, así como la esperanza de un futuro más digno y mejor.

 

Señor Fabrizio León, ojalá esta carta ayude a darle al debate el nivel adecuado, y ojalá el periódico que usted dirige siga abierto a opiniones diversas, aunque consideramos que debería haber estándares mínimos de respeto entre colaboradorxs y hacia xl lectxr.

 

Atentamente,

 

Asamblea de Defensores del Territorio Maya, Múuch’ Xíinbal

 

 

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